

27/07/2010
Raúl dijo adiós en un acto emotivo, en el que el jugador madridista se despidió de la que ha sido su casa y su gente durante más de dieciséis años. El jugador blanco, que ha meditado mucho esta decisión, tomó la que él creía que era la mejor opción. Seguir jugando al fútbol en un equipo que le de minutos, aunque tenga que ser fuera de su casa.
El siete madridista ha sido santo y seña del club blanco. Se ha dedicado al club en cuerpo y alma y ha encarnado los valores del Real Madrid como ningún otro. El curriculum de Raúl habla por sí solo y nos ocuparían cuarenta líneas detallar todos sus logros. Valgan algunos ejemplos. Es el jugador que más veces ha vestido la camiseta del Real Madrid, con 741 partidos y ha marcado 323 goles, además de ser el máximo goleador de la historia con la selección española y dela Copa de Europa. Una leyenda.
Nunca ha recibido el premio al mejor jugador del mundo y tampoco europeo y tampoco ha sido un diez en nada, pero como diría Cruyff, ha sido un nueve en todo, lo que le hace, junto a la brega incansable por defender ese escudo, el mejor jugador de la historia del Real Madrid junto al argentino Di Estéfano.
Ayer era un día duro. Le tocó despedirse de sus compañeros en Valdebebas, además de utilleros y personal del club, que como dijo en rueda de prensa, le han hecho la vida más fácil a él y a su familia. Más tarde, se fue a ver a Di Estéfano al hospital Sanitas de La Moraleja, donde se encuentra ingresado el astro argentino. Raúl le quería dar un abrazo antes de emprender su aventura alemana y a las 13:00 compareció en el palco de honor del Santiago Bernabéu para despedirse, por última vez, de todos los madridistas que le aclamaban en las gradas al grito de Raúl Raúl, Raúl.
Después de un cariñoso discurso del Presidente Florentino Pérez, le tocó el turno a Raúl, que no quería cruzar la mirada con nadie que le pudiera hacer emocionarse más de lo que ya estaba. Mourinho estuvo presente en el acto, demostrando su caballerosidad e incluso alucinó con la imagen de Raúl junto a todos los trofeos conquistados por el siete blanco. "Impresiona", le dijo a Karanka.
El momento más emocionante estaba por llegar. Raúl bajó al césped del coliseum blanco para dar las gracias a unos tres mil aficionados que no quisieron perderse la despedida del más grande. Raúl bajó las escaleras que conducen al rectángulo de juego envuelto en lágrimas que intentaba enjugar sin demasiada soltura. Le habría gustado despedirse de corto con un Bernabéu abarrotado, pero como dijo que era un hasta luego, seguro que tiene el reconocimiento que se merece. Con los aficionados pasó todo el tiempo del mundo, firmando autógrafos, camisetas y terminó por apaludir a la vez que decía "gracias por todo" a una afición que le ha apoyado en los buenos y en los malos momentos, pero a los que él ha dado todo lo que ha estado en sus manos para hacerles felices.
La rueda de prensa de despedida fue extensa, casi una hora, donde los recuerdos invadieron al hasta ayer futbolista blanco. Recordó la primera convocatoria con el primer equipo ante el Zaragoza, su último encuentro también ante el equipo aragonés donde metió su último gol, su adversario más querido, un "tal" Guardiola y un sinfín de anécdotas con las que Raúl quiso repasar toda una vida vestido de blanco.
Después la ovación con la que le despidieron los periodistas, Raúl se fue a casa, recogió a su familia y a las seis de la tarde se montó en un avión privado que le trasladó a Alemania, donde hoy cerrará su traspaso al Schalke 04, equipo en el que jugará las próximas dos temporadas antes de colgar definitivamente las botas.
Si por algo pasará a la historia Raúl será por saber ganar, pero sobre todo por saber perder cuando le ha tocado, por tratar siempre con respeto a todos sus rivales y por defender a su club y su historia por encima de todas las cosas. Por eso es el más grande. Se lleva el reconocimiento de sus adversarios y ese es, sin duda, el mejor legado que deja para el mundo del fútbol.